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Premonición, individuación, destino: reflexiones sobre la sincronicidad de Jung

  • Foto del escritor: Alberto Asero
    Alberto Asero
  • 7 sept 2025
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 23 ene

sincronicidad, premonición, individuación, Jung

Asumir el punto de vista de la psicología profunda implica cambiar radicalmente el modo de concebir —y, por lo tanto, de vivir— la vida. Esto no significa necesariamente cambiar para mejor: según el grado de comprensión y de aceptación de cada quien, ciertos descubrimientos pueden abrir a una mayor serenidad o, por el contrario, ser reprimidos por resultar portadores de angustia.


Entre estos descubrimientos se encuentran fenómenos psíquicos que desafían una concepción estrictamente racional y causal de la experiencia, como las intuiciones premonitorias. Fenómenos —dicho sea de paso y sin ninguna intención polémica— completamente ignorados por las psicologías de corte materialista, pero que ocupan un lugar central en la psicología profunda, en particular en la de inspiración junguiana.


A lo largo de mi vida he tenido experiencia directa de intuiciones repentinas que, meses o incluso años después, se revelaron sorprendentemente precisas. No las menciono por su carácter excepcional —que de hecho no tienen—, sino porque fue en amplia medida a partir de su experiencia directa y abrumadora que terminé interesándome por esos enigmáticos fenómenos psíquicos que Carl Gustav Jung describió bajo el concepto de sincronicidad: coincidencias significativas entre acontecimientos psíquicos y hechos externos que no pueden explicarse mediante una relación causal directa.


Dos de estas intuiciones, especialmente dramáticas, quedaron profundamente grabadas en mi biografía.


La primera ocurrió en Italia. Una repentina sensación de vacío me inmovilizó justo antes de firmar la escritura de la casa que habría sido de mi pareja y mía. Desde dentro, una voz me dijo: «Con esta firma asumes culpas que ahora ni siquiera puedes imaginar». Años más tarde, aquella casa se convertiría, en efecto, en un campo de batalla.


La segunda sucedió unos quince años después, en México. Estaba recorriendo la casa en la que mi esposa y yo habríamos de mudarnos, cuando una intuición, igual de repentina, me embargó: «Aquí nos separaremos». En ese entonces, nada hacía sospechar una crisis matrimonial. Un año y medio después, efectivamente nos separamos.


Ambas intuiciones anticipaban hechos que aún no habían ocurrido —de aquí que utilicemos el adjetivo "premonitorias"— y cuyo sentido llega a aflorar con el efectivo alinearse de determinados acontecimientos externos con la vivencia interna.


Jung concibe las premoniciones como un tipo particular de intuiciones. Como tales, son fenómenos psíquicos en sentido pleno, cuya peculiaridad radica en que su contenido remite a acontecimientos que aparentemente no pertenecen al presente, sino que anticipan sucesos futuros. Por esta razón, pueden describirse como fenómenos psíquicos anticipatorios.


Jung subraya que estos fenómenos, lejos de implicar una capacidad de “ver el futuro” en un sentido mágico, deben comprenderse como emergencias del inconsciente que suelen darse en torno a nudos existenciales cruciales y que se vuelven más probables cuando la persona se aproxima a cambios vitales profundos.


Cada vez que rememoro los episodios que he relatado, termino enfrentándome a dos preguntas. La primera expresa el drama mismo del existir humano como experiencia de incertidumbre: si hubiera atendido a aquellas intuiciones, ¿habría cambiado algo en el curso de los acontecimientos? Planteada de forma más general, la cuestión podría formularse así: ¿deberíamos aprender a incluir las eventuales intuiciones premonitorias en nuestros procesos de toma de decisiones?


Antes de avanzar, conviene advertir que despachar estos fenómenos afirmando que se trata simplemente de algo que “ya estaba ahí” pero que no supimos ver constituye un argumento inconsistente: aquello que está delante de nuestros ojos y, sin embargo, no vemos —y esto ya es una admisión de existencia— es precisamente lo que cae bajo el concepto de inconsciente.


Ahora bien, al estudiar los fenómenos sincrónicos, Jung pudo recabar una de las evidencias más contundentes no solo de la existencia de una conexión profunda entre psique y mundo —o, mejor dicho, entre lo intra- y lo extra-psíquico—, sino también de la relatividad psíquica del espacio y del tiempo. Excluyendo toda hipótesis sobrenatural —recordemos que hablamos de fenómenos psíquicos, es decir, naturales—, resulta razonable suponer que los hechos objeto de la premonición se sitúan en el futuro solo relativamente a la conciencia: a nivel inconsciente, esos acontecimientos ya están siendo vividos, y es por esta razón que pueden aflorar.


¿Cómo es posible, por ejemplo, que un acontecimiento remoto en el espacio o en el tiempo provoque el surgimiento de una imagen psíquica equivalente, si ni siquiera puede postularse un proceso energético de transmisión que sería necesario para que el fenómeno se produjera? Por incomprensible que esto pueda resultar, finalmente uno se ve obligado a suponer que existe en el inconsciente algo semejante a un conocimiento a priori o, mejor dicho, una “presencia” a priori desligada de toda base causal. (Jung, 2011, p. 211)


En este sentido, las intuiciones premonitorias no son más que el aflorar a la conciencia de procesos psíquicos ya activos a nivel inconsciente. Dice Jung:


La intuición es una especie de percepción que no opera exactamente a través de los sentidos, sino a través del inconsciente […]. En realidad, es una función muy natural, perfectamente normal y también necesaria: compensa aquello que no puede percibirse, pensarse o sentirse porque carece de espesor real.” (Jung, 2013, p. 29)


Así, cuando se presenten, las intuiciones premonitorias merecen toda nuestra atención, siempre y cuando no las leamos como profecías, sino como ocasiones singulares para ampliar la conciencia y acercarnos al umbral del inconsciente que nos habita —o, más precisamente, que habitamos.


La segunda pregunta es quizá la más inquietante. Mis dos intuiciones se referían no solo a mí y a mi "destino", sino también a otras personas y a sus respectivos "destinos": ¿acaso los fenómenos psíquicos premonitorios nos obligan a repensar radicalmente nuestra vida como inextricablemente ligada a la vida de los demás?


Esta pregunta abre a la dimensión transpersonal que está en la base de estos fenómenos. Dejemos, una vez más, la palabra al propio Jung:


La personalidad consciente es un segmento más o menos arbitrario de la psique colectiva.» (Jung, 2012, p. 63)


La capa más profunda a la que podemos llegar en la exploración del inconsciente es aquella en la que el ser humano deja de ser un individuo diferenciado y su psique se extiende hasta fundirse con la de la humanidad: no con la psique consciente, sino con la psique inconsciente de la humanidad, idéntica en todos nosotros. […] Puesto que la estructura fundamental de la psique es igual en todos, no podemos establecer distinciones cuando vivimos experiencias en ese nivel. Allí no podemos saber si algo te ha ocurrido a ti o a mí. (Jung, 2013, p. 57)


La intuición premonitoria, al hablarnos de nosotros en cuanto inevitablemente vinculados con otros —otros cercanos, como en mi caso, pero también otros lejanos en el espacio y en el tiempo—, nos invita a asomarnos más allá de los límites de nuestra individualidad, entendida como una frontera rígida entre el yo y el mundo; o, mejor dicho, a reconocernos como menos delimitados de lo que social y culturalmente estamos orientados a creer.




REFERENCIAS

Jung, C. G. (2011). La sincronicità. Torino, Italia: Bollati Boringhieri.

Jung, C. G. (2012). L’io e l’inconscio. Torino, Italia: Bollati Boringhieri.

Jung, C. G. (2013). Introduzione alla psicologia analitica. Torino, Italia: Bollati Boringhieri.




¡IMPORTANTE! El propósito de este artículo es fomentar la reflexión crítica sobre temas de psicología a partir de información clara y confiable. Ninguno de los contenidos aquí expuestos pretende, ni puede, sustituir la valoración y el apoyo de un psicólogo o psiquiatra. Ante cualquier duda, acude siempre a un profesional de la salud.



 
 
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